El impacto de la Guerra Civil en Asturias fue tremendo y marcó profundamente la historia de muchas familias. El golpe de estado de 1936, dividió el país en dos bandos, Asturias quedó bajo el mando del gobierno legítimo de la república y el ejército republicano. Su fuerte tradición obrera y minera favoreció que muchas personas se sumaran activamente a la resistencia republicana, que logró defender la zona durante 11 meses antes de caer. La población sufrió mucho durante estos meses de dura resistencia, así como las consecuencias de la represión tras la derrota.
Mi abuela nació en 1930 y con siete años vivió personalmente la entrada de los sublevados en el oriente asturiano, la zona en la que vivía. En mi novela, La hija del rojo, se cuenta su infancia y el impacto de la guerra a través de las vivencias de mi familia.
Bombardeos nazis en Asturias
Gernika es tristemente conocida por ser el escenario de un atroz bombardeo por parte de la Legión Condor nazi durante la guerra civil, que terminó con la vida de cientos de personas inocentes en un día de mercado. Pero Asturias también fue escenario de pruebas para la aviación nazi, que experimentó nuevas técnicas de bombardeo contra objetivos civiles en la región. La zona oriental de Asturias, escenario de la novela La hija del rojo, fue precisamente una de las más castigadas por estos ataques que fueron instrumentales para acabar con la resistencia republicana en el norte, que carecía de medios para defenderse.
Cangas de Onís se podría considerar como el equivalente asturiano a Gernika, “Cangas de Onís fue bombardeado cuatro veces por la aviación facciosa tras su evacuación, en la última de las cuales lanzó 400 bombas, algunas eran de 250 kilos y más de doscientas incendiarias, provocando con ello la destrucción casi total del pueblo” comunicaría el Ministerio de Defensa.
Mi abuela recordaba los bombardeos, las sirenas que los anunciaban y las carreras por el puente de Ribadesella para llegar al refugio, una cueva cárstica en el macizo de ardines.
Cuando Asturias fue bombardeada por los nazis
Cangas de Onís, el Gernika Asturiano
Los que quedaron atrás
A medida que el ejército republicano iba perdiendo la batalla, muchos fueron los soldados que quedaron atrás, abandonados en la retirada. Muchas veces se bombardearon puentes y cegaron túneles, impidiendo que los que habían quedado en la retaguardia pudieran avanzar para encontrarse con sus compañeros. Olvidados, algunos combatientes intentaban huir a pie a Francia, otros se echaron al monte, esperando que el golpe de estado fuera aplacado con ayuda extranjera. La complicada orografía poco poblada, la densa vegetación y la multitud de escondrijos favorecieron que algunos permanecieran escondidos y resistiendo durante años.
La dureza de la posguerra
La Asturias de la posguerra estuvo marcada por el silencio, el miedo y la escasez. Las cartillas de racionamiento, el estraperlo y la vigilancia constante por parte de las autoridades franquistas marcaron el día a día de la población.
Para las familias de los vencidos, la situación era aún más difícil. Las viudas de republicanos eran rechazadas socialmente, sus hijos crecían con el estigma de ser "hijos de rojos" y, en muchos casos, el acceso al trabajo o a la educación era limitado.
Este ambiente es el que vivió mi abuela Mercedes en su infancia y adolescencia. Su madre, Benilda, recurrió al estraperlo para alimentar a sus hijas y sobrevivió como pudo en una sociedad que la despreciaba.
El destino de Mercedes, como el de tantos otros jóvenes asturianos, fue la emigración. En busca de una vida mejor, con apenas 17 años, se embarcó hacia Buenos Aires junto a su hermana, enfrentándose a un futuro incierto pero con la esperanza de dejar atrás el dolor de la guerra.
La guerra civil en Asturias marcó a generaciones y el miedo y el silencio hicieron que sus historias se perdieran, al escribir La hija del rojo, hice un homenaje a mi familia y a tantas otras cuyas vivencias se perdieron en el olvido.
Fotografía: Frente de Asturias.. Escenas del frente. BIBLIOTECA DIGITAL HISPÁNICA

Me encanta conocer todas estas historias y que no se pierdan.
Mi madre es la pequeña de 7 hermanos y nacio en el 40. Ella no vivió la guerra, pero si que me cuenta mucho de los años posteriores. La postguerra duró demasiado. Cuando ella dice «no, si hambre yo no pasé,» pero te cuenta lo que comian….. De hecho conforme tenían algo de edad iban mandado a los hijos e hijas a trabajar por ahí, donde al menos les deban de comer o las tenían internas y eso que se ahorraban mis abuelos.
En fin, son, o fueron, unos luchadores tanto los que se fueron como los que se quedaron.